En redes como Ethereum, el derecho a confirmar transferencias no se concede a los equipos más potentes, sino a quien aporta una garantía. Esa garantía es el staking: hace que comportarse de forma deshonesta salga caro, porque una infracción se castiga descontando parte de los fondos.
De dónde sale el rendimiento
De la recompensa que paga la red por los bloques confirmados y de las comisiones que abonan quienes envían. No es el interés de un depósito: la cifra fluctúa y depende de cuántas monedas hay bloqueadas en total.
Qué conviene entender antes de aceptar
El rendimiento se cuenta en monedas, no en dólares. Un diez por ciento anual en una moneda que ha caído a la mitad es una pérdida.
Y los fondos no suelen poder retirarse al instante: las redes tienen un plazo de desbloqueo durante el cual no se puede vender, mientras el precio sigue moviéndose.
Staking en la red y «staking» en una plataforma
Son cosas distintas bajo la misma palabra. En el primer caso la garantía se aporta a la propia red y las reglas se conocen de antemano. En el segundo, la plataforma promete un rendimiento en su propio nombre, y lo que haga con los fondos es asunto suyo.
Una rentabilidad prometida muy por encima de la de la red es, casi siempre, señal del segundo caso. Esas ofertas se comprueban con una pregunta: quién paga exactamente y con qué.
Qué no ofrece el staking
Garantía de devolución. No es un depósito: no hay seguro, y si un nodo incumple las reglas la red descuenta parte de la garantía, también a quienes le confiaron sus monedas.
Las stablecoins no participan en absoluto en el staking de red: la garantía se aporta con la moneda propia de la red.