El monedero no guarda monedas: estas están anotadas en la blockchain. Guarda las claves que dan derecho a disponer de ellas. Por eso la cuestión de la seguridad se reduce a una sola: si internet tiene acceso a la clave.
Frío
La clave nunca sale del dispositivo. La transferencia se firma dentro de él y hacia fuera solo sale la firma ya hecha. Un programa malicioso en el ordenador no llegará a la clave, pero perder el dispositivo junto con la frase de respaldo anotada significa perder los fondos sin remedio.
Caliente
La clave está en el teléfono o en el navegador. Es rápido y cómodo para importes del día a día, pero cualquier programa que consiga acceso al dispositivo consigue acceso también a los fondos.
Cómo suele repartirse
Los ahorros, en el frío; los importes de uso corriente, en el caliente. Igual que nadie lleva encima todo su efectivo.
La frase de respaldo importa más que el propio dispositivo
Al crearse, el monedero muestra doce o veinticuatro palabras. Eso es el acceso a los fondos: el dispositivo se puede perder y recuperarlo todo con la frase, pero si se pierde la frase junto con el dispositivo no se recupera nada.
La frase se anota en papel y se guarda separada del dispositivo. Una foto en la galería del teléfono o una nota en la nube convierten el monedero frío en caliente y lo privan de su único sentido.
El monedero en un exchange es un tercer caso
No es su monedero en absoluto: de las claves dispone la plataforma y a usted le muestran un apunte en su base de datos. Para operar está bien; para guardar, no.
De ahí la regla que se repite tras cada quiebra de un exchange: en la plataforma se deja exactamente lo que se piensa cambiar en breve.
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